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domingo, 20 de noviembre de 2011

La cohesión social en la prevención de conflictos

Los informes estratégicos que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para medir los índices de desarrollo sostenibles en nuestros países constituyen elementos fundamentales para el planteamiento integrado de las políticas sociales en la prevención de conflictos. Incluyen una evaluación de los conflictos potenciales por medio de los indicadores de pobreza y exclusión social permitiendo recurrir con la participación ciudadana aplicar políticas sociales en la prevención conflictos. Además del entorno macroeconómico que también resulta vital para la estabilidad duradera y la prevención de los conflictos, ante las existencias de normas claras y equitativas en el intercambio entre los Estados desarrollados y los países en desarrollo.

Las causas de conflictos en el mundo radican en factores como la pobreza, el estancamiento económico, la distribución desigual de los recursos, las estructuras sociales deficientes, la corrupción, ausencia de gobernanza, discriminación sistemática, opresión de minorías, desplazamiento migratorio, antagonismos étnicos, intolerancia religiosa y cultural, injusticias sociales y la proliferación de armas de destrucción masiva y tráfico de armas ligeras, degradación del medio ambiente, enfermedades transmisibles, flujos masivos de poblaciones y el tráfico de seres humanos.

Ciertamente, la cooperación internacional para el desarrollo puede constituir un factor importante en la prevención de los conflictos. Mientras la diplomacia preventiva puede tomar la forma de mediación, conciliación y negociación. La alerta temprana es un elemento esencial de la prevención y las Naciones Unidas tiene la obligación de hacer cumplir con sus postulados para garantizar la seguridad y la paz internacionales.

La prevención de los conflictos debe ser parte de los programas de cooperación, toda vez que los conflictos violentos rara vez son espontáneos, sino que más bien son el resultado de un proceso gradual de deterioro de la situación interna de los países. Por consiguiente, la política de desarrollo y programas de cooperación deben inspirarse en los objetivos del milenio como instrumentos eficaces en la reducción de la pobreza.

En el caso de nuestro país, la prevención de conflicto pasa por la resolución de los problemas que más afectan a la sociedad en la satisfacción de las necesidades básicas de los sectores más desfavorecidos, el acceso a la salud (agua potable) y la educación, incentivos a la agricultura de subsistencia y la generación de empleos. Pero también es menester el fortalecimiento de nuestro sistema político y el estado de derecho, la administración de justicia, la transparencia, la lucha contra la corrupción, la buena gobernanza y el desarrollo de la sociedad civil. Además del fortalecimiento de la seguridad pública con una mayor eficacia en el tratamiento de las cuestiones transversales como las drogas, el pandillerismo y las armas pequeñas con las municiones. No existe la menor duda de que el desarrollo humano se ha constituido en un reto tanto moral como político, porque el desarrollo va más allá del crecimiento económico y nuestro país no es la excepción.

La diplomacia preventiva de conflictos en las agendas bilaterales y multilaterales permitirá desarrollar un proyecto de gran trascendencia para el país en sus relaciones exteriores con la OCEDE y G-20; liberando al país de las amenazas de aislamiento, mientras se alienta la adopción de políticas sólidas y eficientes, en materia de gobernabilidad democrática, asuntos sociales, finanzas públicas y fiscalidad, con el objetivo de incrementar la cohesión social y reducir la pobreza, la desigualdad y la marginalización.